La ciencia ha demostrado que cada vez que besamos a alguien, compartimos microorganismos. Y no solo a través de la saliva: también mediante la respiración, el contacto físico y la convivencia.
«Si te beso durante 10 segundos, puedo transferirte millones de bacterias.»
De hecho, los estudios muestran que las parejas que llevan años juntas comparten gran parte de su microbiota. Con el tiempo, sus ecosistemas microbianos se parecen más entre sí que a los de muchos miembros de su propia familia.
Puede parecer una curiosidad, pero detrás de ella se esconde una de las áreas más fascinantes de la salud actual: la microbiota.
Y cuando hablamos de microbiota, la boca tiene mucho más protagonismo del que solemos imaginar.
La boca: el segundo ecosistema microbiano más importante del cuerpo
Cuando escuchamos hablar de microbiota solemos pensar en el intestino. Sin embargo, la cavidad oral alberga más de 700 especies de microorganismos y constituye uno de los ecosistemas microbianos más complejos del organismo.
La microbiota oral está formada por bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que viven en equilibrio sobre los dientes, las encías, la lengua, la saliva y las mucosas.
Lejos de ser enemigos, muchos de estos microorganismos cumplen funciones esenciales:
- Protegen frente a patógenos.
- Regulan la inflamación.
- Mejoran el sistema inmunitario
- Contribuyen al equilibrio de la microbiota intestinal.
- Ayudan a mantener la salud de dientes y encías.
Cuando este equilibrio se altera aparece lo que conocemos como disbiosis, una situación que favorece la aparición de caries, gingivitis, periodontitis y otros problemas de salud.
Compartimos microbiota desde que nacemos
La historia de nuestra microbiota comienza incluso antes de nuestro primer beso.
Durante un parto vaginal, el bebé entra en contacto con la microbiota de la madre presente en el canal del parto. Esta primera colonización es fundamental para el desarrollo de su sistema inmunitario y de su microbiota futura.
Por este motivo, en algunos hospitales se ha estudiado una práctica denominada vaginal seeding, que consiste en recoger microorganismos vaginales de la madre mediante una gasa y transferirlos al bebé cuando nace por cesárea. Esta práctica refleja la importancia que la ciencia concede actualmente a la colonización microbiana temprana.
Tras el nacimiento, la lactancia materna continúa enriqueciendo esa microbiota. La leche materna aporta microorganismos beneficiosos y compuestos prebióticos que ayudan al desarrollo del sistema inmune y neurológico del bebé.
¿Es bueno que los bebés estén en contacto con otras personas?
En los últimos años se ha extendido la idea de evitar cualquier acercamiento a los recién nacidos.
Evidentemente, un bebé debe protegerse de infecciones y de personas enfermas. Sin embargo, desde el punto de vista microbiológico, el contacto humano también tiene beneficios.
La microbiota se transmite continuamente:
- A través de la piel.
- Mediante la saliva.
- Por la respiración.
- A través del entorno compartido.
Los investigadores saben hoy que la diversidad microbiana es uno de los pilares de un sistema inmunitario fuerte. De hecho, algunos estudios relacionan el exceso de higiene y la falta de exposición a microorganismos ambientales con una menor diversidad bacteriana.
Por eso cada vez se habla más de la importancia del contacto con la naturaleza, los animales y otras personas para enriquecer nuestro microbioma y favorecer nuestro sistema inmune.
El eje boca-intestino: una conversación constante
Durante años se pensó que la microbiota oral y la intestinal funcionaban por separado.
Hoy sabemos que no es así.
Cada día tragamos miles de millones de microorganismos procedentes de la boca. Por ello, el estado de nuestra microbiota oral influye directamente sobre la microbiota intestinal.
Cuando existe una disbiosis oral, determinadas bacterias pueden favorecer procesos inflamatorios que afectan a otras partes del organismo.
Por eso cada vez más investigaciones hablan del eje boca-intestino, una conexión directa entre salud oral, digestiva e inmunitaria.
La microbiota también influye en cómo nos sentimos
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de los últimos años es la relación entre microbiota y salud emocional.
Los microorganismos intestinales participan en la producción de neurotransmisores y metabolitos que influyen en el cerebro. De hecho, alrededor del 95 % de la serotonina del organismo se produce en el intestino.
También sabemos que el estrés altera la microbiota intestinal y favorece procesos inflamatorios.
Cuando abrazamos, besamos o mantenemos contacto físico con personas queridas, aumenta la liberación de oxitocina. Esta hormona ayuda a reducir el cortisol, la principal hormona relacionada con el estrés.
En cierto modo, el cariño también influye en nuestro ecosistema microbiano.
Cómo cuidar tu microbiota oral
La buena noticia es que podemos favorecer una microbiota saludable mediante hábitos sencillos:
- Mantener una correcta higiene bucodental.
- Reducir el consumo de azúcares y ultraprocesados.
- Consumir suficiente fibra, frutas, verduras y legumbres.
- Incluir alimentos fermentados como kéfir, yogur, chucrut, kombucha o miso.
- Evitar el uso innecesario de antibióticos.
- Gestionar el estrés y priorizar el descanso.
Una nueva forma de entender la salud bucodental
La odontología moderna ya no se centra únicamente en dientes y encías.
Cada vez comprendemos mejor que la boca forma parte de un sistema complejo conectado con el intestino, el sistema inmunitario, el metabolismo e incluso el cerebro.
Cuidar la microbiota oral no solo ayuda a prevenir caries o enfermedad periodontal. También contribuye a construir una base más sólida para la salud general.
Porque, al final, detrás de cada sonrisa existe todo un universo microscópico trabajando para mantenernos sanos.
Bibliografía
- Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (SEMiPyP).
- Guarner F., Malagelada J.R. Microbiota intestinal y salud.
- Aroa Fernández. La Microbiota. Nutrición emocional y alimentación consciente.
- Asociación Española de Pediatría. Microbiota neonatal y desarrollo inmunitario.
- Kort R. et al. Shaping the oral microbiota through intimate kissing. Microbiome.
- Human Microbiome Project Consortium.Cryan J.F., Dinan T.G. Mind-altering microorganisms: the impact of the gut microbiota on brain and behaviour.
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