Durante años, el chicle se ha presentado como un producto casi inofensivo: refresca el aliento, distrae, y puede parecer un recurso útil después de comer. Sin embargo, muchas personas no saben qué hay realmente dentro de un chicle ni cómo afecta su consumo continuado a la salud.
Lejos de ser inocuo, masticar chicle de forma habitual supone exposición a microplásticos, sobrecarga del sistema masticatorio y puede contribuir a problemas funcionales tanto en adultos como en niños. Desde nuestra clínica dental en Onda (Castellón) te explicamos lo que debes saber para cuidar tu salud bucodental y general.
¿De qué está hecho realmente un chicle?
La base del chicle no es un alimento natural. En la mayoría de los casos está compuesta por polímeros sintéticos como polietileno y acetato de polivinilo —los mismos plásticos que se usan para fabricar bolsas, adhesivos o envases industriales—, además de ceras, resinas, edulcorantes y colorantes artificiales.
Esto significa que, cuando masticamos chicle, no estamos masticando comida, sino una mezcla de plásticos y aditivos diseñada para no degradarse fácilmente.
Microplásticos directamente en la boca
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California (UCLA) encontró que masticar chicle puede liberar cientos o incluso miles de microplásticos directamente en la saliva durante la masticación.
Según ese estudio, un gramo de chicle puede liberar una media de cerca de 100 microplásticos, algunos llegando hasta más de 600 por gramo. Si una persona consume 160–180 chicles al año, eso se traduce en decenas de miles de partículas de microplástico ingeridas.
Estos microplásticos, no son digeribles ni se metabolizan, por lo que terminan entrando en el organismo sin pasar por un proceso de eliminación natural.
Ejemplos reales de molestias y problemas por masticar chicle
Existen casos reales documentados y reportados que ilustran lo que puede ocurrir:
1. Dolor mandibular repetitivo
Varios estudios y testimonios clínicos han mostrado que personas con hábitos de masticar chicle durante largos periodos desarrollaron dolor y fatiga en los músculos masticatorios, llegando incluso a necesitar pausas o tratamiento para aliviar la tensión.
2. Trastornos de la ATM
Investigaciones han encontrado que un alto porcentaje de personas que mastican chicle por más de una hora al día presentan síntomas asociados a trastornos de la articulación temporomandibular (ATM), como dolor articular, rigidez o chasquidos al abrir la boca.
Este tipo de síntomas coincide con muchos casos reportados en consultas dentales donde pacientes notan que dejan de masticar chicle y sus molestias mejoran tras semanas sin hacerlo.
3. Testimonios de pacientes
En foros y comunidades de salud, muchos pacientes relatan experiencias similares: después de años mascando chicle con frecuencia sufren dolor que se irradia hacia el cuello o la cabeza, sensibilidad al masticar alimentos duros o incluso necesidad de reposo mandibular prolongado.
Si bien estos testimonios no son estudios clínicos estrictos, reflejan un patrón común relacionado con la sobrecarga repetitiva de los músculos y articulaciones.
Consecuencias digestivas del consumo habitual de chicle
Masticar chicle sin ingerir alimento también tiene efectos fuera de la boca. Este hábito provoca que el estómago lance jugos gástricos y ácidos para preparar la digestión, pero al no recibir alimento, esos ácidos pueden afectar la mucosa gástrica. Esto puede favorecer:
- Gases e hinchazón
- Acidez estomacal
- Sensación de digestión pesada
Este fenómeno se explica porque el cuerpo interpreta la masticación como el inicio de una comida, con la consecuente respuesta fisiológica.
El mito del mal aliento
Aunque masticar chicle puede ofrecer una sensación temporal de frescor, no elimina la causa subyacente del mal aliento. En muchos casos, la halitosis tiene causas reales como:
- Placa bacteriana acumulada
- Problemas de encías
- Boca seca persistente
Confiar en el chicle para “combatir” el mal aliento puede retrasar una evaluación profesional adecuada. Para evitar la sensación de boca seca, mejor utilizar caramelos de xilitol en lugar de chicles.
Riesgos en niños pequeños
En los más pequeños, el impacto puede ser aún más significativo:
Exposición temprana a microplásticos: El organismo infantil está en desarrollo, y la exposición a microplásticos desde edades tempranas no aporta nada positivo.
Desarrollo masticatorio: El consumo frecuente puede favorecer patrones de masticación unilateral, sobrecargar la mandíbula y condicionar el desarrollo de la ATM.
Riesgo de atragantamiento: En niños pequeños el chicle supone además riesgo físico adicional, por posibilidad de obstrucción de la vía aérea.
Conclusión: un hábito prescindible
En resumen, masticar chicle no aporta beneficios reales y sí riesgos claros y evitables:
- Exposición continua a microplásticos.
- Riesgo de sobrecarga muscular y trastornos de la ATM.
- Posibles efectos digestivos.
- Riesgos específicos en niños.
Eliminar o reducir este hábito es una decisión simple que puede contribuir a una mejor salud oral y general. Si experimentas dolor mandibular, chasquidos o molestias al masticar, una revisión dental profesional puede ayudarte a identificar la causa y cómo abordarla.
Bibliografía y fuentes de referencia
- Consejo General de Dentistas de España. Recomendaciones sobre hábitos orales y prevención en salud bucodental.
- Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP). Documentos sobre hábitos orales infantiles.
- Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA). Publicaciones sobre función masticatoria.
- Llodra Calvo, J. C. (Universitat de València). Estudios sobre hábitos orales.
- University of California (UCLA). Investigación sobre microplásticos liberados al masticar chicle.
- Association Between Gum Chewing and Temporomandibular Disorders. PubMed.
- An association between temporomandibular disorder and gum chewing. PubMed.
La imagen ha sido generada con IA



