La boca no es un accesorio. Y quizá deberíamos empezar a tratarla como lo que es: un órgano que utilizamos para comer, hablar, respirar y relacionarnos con nuestro entorno.
En los últimos años se han puesto de moda los tooth gems, los piercings de lengua y labios, los grillz de oro y las fundas dentales decorativas. Las redes sociales han convertido estas prácticas en una tendencia estética más.
Pero hay una diferencia importante entre ponerse un pendiente en la oreja y colocar una pieza metálica dentro de la boca.
La boca está en movimiento constantemente.
Masticamos miles de veces al día, hablamos, tragamos, movemos la lengua y ejercemos fuerzas continuamente sobre nuestros dientes y encías. Cualquier objeto que permanezca ahí durante horas, días o años está interactuando con estos tejidos.
Y esa interacción tiene consecuencias.
Piercings en la lengua: el problema no es sólo el agujero
Un piercing en la lengua puede parecer un simple accesorio, pero la pieza metálica está en contacto continuo con los dientes y las encías.
Muchas personas desarrollan además el hábito inconsciente de jugar con el piercing, morderlo o golpearlo contra los dientes.
Una revisión sistemática que analizó 54 estudios encontró que las complicaciones más frecuentes de los piercings orales afectaban precisamente a los dientes y los tejidos periodontales. Entre las alteraciones observadas estaban la retracción de encías, desgaste, pequeñas fracturas y fracturas dentales.
En el caso de los piercings de lengua, el riesgo de lesión dental es especialmente relevante.
Otro análisis encontró una mayor frecuencia de fracturas y daños en los dientes en personas con piercing lingual.
Y no hablamos únicamente de estética. Cuando una encía se retrae, la raíz del diente puede quedar expuesta, aumentando la sensibilidad y dejando una zona más vulnerable. Si el daño periodontal progresa, puede llegar a comprometer el soporte del propio diente.
Las encías tampoco son indestructibles
Uno de los daños que más se repite en la literatura científica es la recesión gingival.
La encía se va desplazando y deja expuesta una parte del diente que normalmente debería estar protegida.
En una revisión sistemática sobre piercings orales, aproximadamente uno de cada tres participantes presentaba recesión gingival, aunque la calidad de la evidencia se consideró baja. En los piercings de labio, además, la zona de encía próxima a la joya es especialmente vulnerable al roce continuo.
Y aquí hay algo importante: la encía que se ha perdido no vuelve a crecer espontáneamente.
Podemos tratar las consecuencias, pero no deberíamos normalizar que una moda estética termine provocando una lesión permanente.
¿Y las joyas pegadas a los dientes?
Los tooth gems pueden parecer mucho menos agresivos que un piercing.
Sin embargo, colocar una pieza sobre un diente modifica su superficie y puede crear zonas donde se acumulen placa bacteriana y restos de comida, especialmente si la colocación o el mantenimiento no son adecuados.
El problema no es únicamente la joya: es lo que puede ocurrir alrededor de ella.
Una higiene más difícil significa más posibilidades de inflamación gingival y, dependiendo de las condiciones, de caries.
Y hay una diferencia enorme entre una joya colocada con materiales y técnicas adecuadas por un profesional y pegar cualquier cristal o accesorio sobre el esmalte con adhesivos que no están diseñados para utilizarse en la boca.
Esto último es especialmente preocupante.
Grillz y fundas de oro
Que una pieza sea de oro no la convierte automáticamente en saludable.
Los grillz pueden retener restos de comida y bacterias entre la pieza y los dientes. Además, una pieza mal ajustada puede irritar los tejidos, dificultar la higiene y producir desgaste por contacto con otros dientes. La Asociación Dental Americana advierte precisamente de estos riesgos y recomienda limitar su uso y consultar al dentista antes de utilizarlos.
El problema de normalizar el daño
Quizá el mayor peligro de estas tendencias no sea únicamente el accesorio.
Es que estamos empezando a normalizar pequeñas lesiones en la boca como si fueran parte del precio de estar a la moda.
“Se me ha retraído un poco la encía.”
“Se me ha roto una esquinita del diente.”
“Me sangra cuando me cepillo.”
“Desde que llevo el piercing tengo sensibilidad.”
El dolor, el sangrado, el desgaste o la pérdida de encía son señales de que algo está ocurriendo.
Y cuanto antes se detecte, más posibilidades existen de evitar que el daño avance.
La boca está diseñada para funcionar
Nuestra boca es un sistema extraordinariamente complejo.
Los dientes tienen que soportar fuerzas de masticación. La lengua tiene que moverse libremente. Las encías tienen que proteger y sostener los dientes. La mandíbula tiene que poder moverse con normalidad.
Cuando introducimos objetos que rozan, golpean o dificultan la higiene de manera permanente, estamos sometiendo ese sistema a una agresión que no necesita para funcionar.
Por eso, desde una perspectiva de salud, nuestra recomendación es clara:
Si estás pensando en hacerte un piercing oral o llevar una decoración dental de forma habitual, consulta primero con tu dentista.
Porque una tendencia puede durar una temporada.
Tus dientes tienen que durarte toda la vida.
¿Llevas un piercing, grillz o alguna decoración dental?
Si ya llevas alguno de estos accesorios, no esperes a tener dolor para revisar tu boca. Una exploración puede detectar recesiones de encía, desgaste, pequeñas fracturas, inflamación o problemas de higiene antes de que sean más importantes.
En nuestra Clínica Dental Neus Puertes podemos valorar cómo está afectando el accesorio a tus dientes, encías y función oral y orientarte sobre la mejor manera de proteger tu salud bucodental.
Pide una revisión. Tu boca no debería pagar el precio de una moda.
Bibliografía
- Passos, P. F. et al. (2022). Manifestaciones orales derivadas de los piercings orales: revisión sistemática y metaanálisis. Oral Surgery, Oral Medicine, Oral Pathology and Oral Radiology, 134(3), 327-341.
- Difloe-Geisert, J. C. et al. (2024). Impacto de los piercings orales sobre la salud periodontal: revisión sistemática. International Journal of Dental Hygiene, 22.
- Masood, M., Walsh, L. J. y Zafar, S. (2023). Complicaciones orales asociadas a los piercings orales: revisión sistemática. European Archives of Paediatric Dentistry, 24, 677-690.
- American Dental Association (ADA). Grills: qué son y qué riesgos pueden tener para los dientes. MouthHealthy.
Créditos de la imagen a magnific.com



